#45/2014
viernes, 14 de febrero de 2014
@19:48
Duele cuando quiero acariciarte y me apartas.
El día era perfecto hasta que se puso el sol, me quemó toda y me hizo sudar innecesariamente. Odio esta ciudad y todo lo que ella lleva encima.
Es extraño que me sienta enferma físicamente después de haber pasado la tarde contigo y además sabes que te di el derecho de cambiar mi humor a tu conveniencia, eso no es que me guste mucho pero tus constantes cambios de humor afectan drásticamente el mío. Y lo confieso, no sé cómo proceder cuando estás así, no me atrevo a tocarte o besarte porque tu correspondencia es casi como una burla a mi débil intento de reconfortarte. Y así, de esa manera me siento una estúpida contigo al lado mientras aplicas la ley del silencio, como castigándome, un castigo que se siente, que duele, que tal vez tiene el efecto que buscas y no hago más que seguirte la corriente, tal vez para complacerte, tal vez porque sí. Luego me mandas un mensaje diciendo que te ignore, que todo está bien. Pero no, nada está bien, lo que siento no está bien, mi corazón no está bien, mi humor tampoco y mis pensamientos mucho menos. Nada está bien porque ya has influido tanto negativamente que solo tú puedes restaurarlo, cosa que no me gusta demasiado porque es la hora y aún sigo esperando que lo hagas.