#42/2014
martes, 11 de febrero de 2014
@18:00
Porque me gustó la sensación de aquel sueño, quiero que quede plasmado en letras para poder releerlo una y mil veces y de esa manera revivir lo que sentí.
Era uno de esos días en los que supongo, estaba cansada de ser una computadora a la que se le llena de información. Sentada en una de esas sillas plásticas en las que a veces no encuentro comodidad, rodeada de extraños que no me interesaba conocer, escuchando una clase que probablemente sabía. Era de inglés, porque era un salón de tu sede, más específicamente en el aula 102A.
Es extraño que recuerde esas cosas a la perfección, cuando los sueños suelen ser tan diversos, disparejos y sin sentido en su estructura y en todo lo que ellos encierran en el subconsciente, pero así lo recuerdo. Lo recuerdo como si realmente hubiese pasado. Recuerdo también, que estaba hastiada de lo que pasaba, pero al levantar la vista y dirigirla hacia afuera, en dirección a la ventana, te vi. Estabas con un sueter verde - creo que tienes uno de ese color - apoyado en el muro que rodea el matorral de plantas verdes, esas que hacen una especie de cerca. Tal véz no logre describirlo bien, ya tendré tiempo de mostrártelo, porque será muy difícil que me olvide de él.
Disculpa que te lo diga, pero no recuerdo la sensación que tuve al haberte visto, sin embargo hubo algo que me cautivó y creo que es la razón de que quiera contártelo en este relato: tu sonrisa. La forma como me sonreíste, no solo con tu dentadura, sino que fue una sonrisa que te llegó a los ojos, me sonreíste con todo tu rostro, y aunque estaba a la distancia pude ver aquella chispa que muy pocas veces he podido ver refulgente en tus ojos. Es aquella expresión la que atesoro, porque es tan difícil verla que tal vez es por eso que en ocasiones te miro tan fija e inconscientemente.
Me da la sensación - y tal vez esté equivocada - de que en esos momentos te despojas de todos esos pensamientos que no suelen dejarnos tranquilo a uno, por qué sí, también los tengo; son aquellos que en lo más profundo de nuestros pensamientos están presentes y cuando tienes aquella mirada, aquella sonrisa, aquella expresión, me dan unas incontenibles ganas de guardar el momento en mi memoria, de saber lo que te hace sentir así para hacerlo más seguido, para buscar aquellas situaciones en las que puedes sonreír sin que nada te perturbe la mente.
¿Te he dicho que me gusta tu risa y tu sonrisa?
Porque si no lo he hecho, entonces: Sonríe, cariño, me encanta cuando sonríes.